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23 octubre, 2007

SALIÓ EN PROCESIÓN EL SEÑOR DE LUREN, PATRÓN DE LA CIUDAD DE ICA

La venerada imagen del Señor de Luren salió ayer en procesión por las diferentes arterias de la ciudad a las 7 de la noche y por primera en su historia ingresará a las 4 de la tarde del día hoy en un ambiente acondicionado del convento de los Padres Carmelitas Descalzos ubicado entre las calles Piura y Cutervo.
La multitudinaria manifestación religiosa se realiza en el mes de octubre de cada año, mes de devoción y fervor. Miles de fieles, procedentes desde todas partes, acompañan a la imagen que recorrerá las calles iqueñas durante más de quince horas. Numerosos iqueños, instituciones públicas y privadas construyeron arcos, alfombra de flores, y cantaron alegres canciones su paso rindiendo su homenaje a nuestro Santo Patrón.
El Señor de Luren, crucificado en el madero de una gran cruz, eleva la majestad de su presencia morena sobre el mar humano que lo rodea. Rostro, cuerpo, manos y pies áridos son iqueños. Desde el alto trono de su anda, sencilla pero hermosa, contempla a su pueblo y le responde con mirada larga y profunda.
Debemos indicar que la imagen del Señor de Luren a su salida recorrió la Av. Cutervo, luego la Av. J. J. Elías, asimismo llegará a la Av. Municipalidad, la cuadra 1 de la calle Bolívar, rodeando la Plaza de Armas, ingresando a la Av. Grau, hasta la Av. Maurtúa y luego la Av. Cutervo para ingresar a la Parroquia Luren.
HISTORIA DEL SEÑÓR DE LUREN
La historia del Señor de Luren se remonta a la de la conquista española de esta parte del Perú. Dicen que su nombre se deriva de la voz quechua hurin, que significa "bajo", en alusión a la parte baja del valle de Ica, lugar donde se inició el culto a su imagen. Cuenta la tradición que Nicolás de Ribera el Viejo, llamado así por contar con añas de cuarenta años al inicio de la conquista del Perú, recibió el encargo de Francisco Pizarro de fundar la capital de la nueva colonia en algún lugar hacia el sur de Lima, debido a que el valle del río Lurín le parecía muy estrecho y poblado. Ribera encontró un lugar adecuado donde se levanta la actual ciudad de Pisco, a siete leguas del mar, en el sitio conocido como San Gallán. Fue precisamente allí que Ribera recibió la noticia de la muerte de Pizarro a manos de los almagristas, en 1541.
El 13 de mayo de 1556, Nicolás de Ribera, asentado en el valle, al que había dotado ya de una ermita y varias ventas, decide fundar el hospital San Nicolás de Luren para los indios necesitados. Poco después, en 1558, al hacer su testamento, dota al lugar de rentas suficientes y señala su organización. Dicen que hubo en este acto una suerte de deuda moral, obligado por su conciencia, y por la voz del padre Bartolomé de las Casas, de restituir lo mal habido y reparar los daños causados a los indios de la región.
El caso es que existía, en la ermita construida por Ribera en Ica, un Cristo crucificado, pequeño y deteriorado. Ello motivó la necesidad de contar con una imagen más digna, por lo que, luego de algunas negociaciones, los iqueños consiguieron que el Convento Grande de San Francisco de Lima mandase tallar a España una imagen de Cristo en la cruz.
Cuenta una de las versiones más populares de esta historia, que el barco que transportaba la imagen, fue presa de una terrible tempestad, debiéndose arrojar al mar gran parte de la carga a fin de aligerar la embarcación y evitar el naufragio. Entre las muchas cosas que fueron a parar al agua estaba el gran cajón de madera que contenía al cristo destinado a Lima.
El cajón estuvo en el mar durante mucho tiempo hasta que fue varado por las olas en una playa próxima al puerto del Callao. Las autoridades del convento franciscano de Lima se desinteresaron del cajón, ya que imaginaron el deterioro que la humedad había causado en su contenido. Obligados por la capitanía de puerto del Callao, los monjes trasladaron el cajón al convento, donde quedó olvidado.
Estando en Lima, un sacerdote que venía de Ica, alertado del suceso por los comentarios del público limeño, acordó con los franciscanos la compra del cajón. Éste fue conducido a Pisco y luego a Ica, donde cautivó de inmediato a toda la ciudad; su estado de conservación era intacto y a partir de este hecho se convirtió en el centro en torno del cual, creciendo y extendiéndose por una región cada vez mayor, se constituyó en devoción máxima.
El templo que albergó al cristo por primera vez era sencillo, de adobe y madera. Cuatro siglos más tarde, en 1918, un severo incendio lo destruyó, dañando seriamente a la imagen. El fuego respetó el tronco de Cristo, mas no la cabeza y las extremidades, que se quemaron. Repuestos del dolor causado por la pérdida, los iqueños encargaron a sus mejores artistas la restauración de la imagen.
Francisco Caso talló la cabeza, el maestro ebanista Alberto Cierra Alta, hizo las extremidades y el pintor Jesús Silva le dio la carnación y los acabados. Éste es el Cristo que se puede apreciar hoy día y al que el pueblo de Ica acude con profunda devoción.
Lamentablemente como es de conocimiento público, el 15 de agosto un devastador sismo de 7,9 grados en la escala de Richter, destruyó parte del Santuario del Señor de Luren, un gran suceso milagroso fue que la venerada efigie del Señor de Luren, quedó intacta al igual que Nuestra Señora del Socorro. El santo patrono de la ciudad de Ica se encuentra en un ambiente del convento de los Padres Carmelitas Descalzos ubicado entre las calles Piura y Cutervo de la ciudad.